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La Tremenda Corte

El tremendo juez de La Tremenda Corte va a resolver otro tremendo caso...

Leopoldo Fernández, Aníbal de Mar, Mimí Cal y Adolfo Otero son los principales de los primeros programas, los que comenzaron por allá por el año 1940

Chiste del día

El otro día mi abuela me escribió una carta que decía textualmente así:
Querido nieto:
El otro día tuve una experiencia religiosa muy buena, que quería compartir contigo.   Fui a la librería cristiana y allí encontré una calcomanía para el
auto que decía:
"TOCA LA BOCINA SI AMAS A DIOS"
   Dado que había tenido un día muy malo, decidí comprarla y pegarla en el paragolpes de mi auto.    Al salir manejando, llegué a un cruce de dos avenidas
que estaba muy complicado, con muchos autos.    La temperatura exterior era de 37 grados y era la hora de salida de las oficinas.    Allí me quedé parada,
porque la luz estaba roja, pensando en el Señor y como El es bueno.   No me di cuenta que la luz se había puesto verde, pero descubrí que muchos otros
aman al Señor porque inmediatamente comenzaron a sonar las bocinas.   La persona que estaba detrás de mí auto era sin duda muy religiosa, ya que tocaba
la bocina sin parar y me gritaba:
- DALE, POR EL AMOR DE DIOS.
   Dirigidos por él, todos hacían sonar la bocina.   Yo les sonreí y los saludaba con la mano a través de la ventanilla.   Vi que otro muchacho me saludaba
de una manera muy particular levantando solo el dedo medio de la mano. Le pregunté a otro de mis nietos, que estaba conmigo, que quería decir ese saludo.
  Me contestó que era un saludo Hawaiano de buena onda.    Entonces yo saqué mi mano por la ventana y saludé a todos de la misma manera.
Mi nieto se doblaba de la risa, supongo que por la bella experiencia religiosa que estaba viviendo.    Dos hombres de un auto cercano, se bajaron y comenzaron
a caminar hacia mi auto, creo que para rezar conmigo o para preguntarme a que templo voy.
Pero en ese momento fue que vi que la luz estaba verde.    Entonces saludé a todos mis hermanos y hermanas y pasé la luz.    Luego de cruzar, noté que el
único auto que había podido pasar era el mío, ya que la luz volvió a ponerse en rojo, y me sentí triste de dejarlos allí después de todo el amor que habíamos
compartido.
Por lo tanto, paré el auto, me bajé, los saludé a todos con el saludo hawaiano por última vez y me fui.    Ruego a Dios por todos esos buenos hombres y
mujeres.
Besos.
Tu abuela. 

Pensamiento del día

Cuando oigo que un hombre tiene el hábito de la lectura, estoy
predispuesto a pensar bien de él.

Nicolás de Avellaneda
(1837-1885) Político y periodista argentino.

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