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Loor y gloria al que triunfa

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La Tremenda Corte

El tremendo juez de La Tremenda Corte va a resolver otro tremendo caso...

Leopoldo Fernández, Aníbal de Mar, Mimí Cal, Adolfo Otero y Julito Díaz son los principales de los primeros programas, los que comenzaron por allá por el año 1940, Julito Díaz murió en 1958 y fue reemplazado por Miguel Angel Hernández.

Paqui Sánchez Galbarro

Paqui nos canta canciones antiguas de dominio público o nuevas con la colobaración de Antonio Perán Elvira, Hilario Alonso, Julio Gálvez y Joan Segura alternando con los episodios de La Tremenda Corte y los Anuncios antiguos.

Anuncios Antiguos

Anuncios antiguos de España, México, Cuba, Chile y algún que otro país alternan también con Paqui y La Tremenda Corte.

Chiste del día

Aclaración: Esto NO es un chiste. Repito NO es un chiste. Lo que van a leer es un caso verídico cuya trascripción se obtuvo del expediente de una compañía de seguros. Este caso fue juzgado en el Tribunal de PrimeraInstancia de Pontevedra, España. Fue publicado en las revistas "Quórum" del Colegio de Abogados de Mar del Plata y por la revista A.E.P.O.Q. 

Se trata de la explicación de un albañil gallego a la Cía. de Seguros que no comprendía, debido a la naturaleza de las lesiones, como podía haber ocurrido el accidente. 
 
Excelentísimos Señores: 

En respuesta a su pedido de informaciones adicionales declaro: 

En el ítem Nº 1, sobre mi participación en los acontecimientos mencioné "Tratando de ejecutar la tarea sin ayuda" como la causa de mi accidente. Me piden en su carta que dé una declaración más detallada, por que espero que lo que sigue aclare de una vez por todas sus dudas. 

Soy albañil desde hace diez años. En el día del accidente estaba trabajando, sin ayuda, colocando ladrillos en una pared del sexto piso del edificio en construcción en esta ciudad. Finalizando mis tareas verifiqué que habían sobrado aproximadamente 250 kilos de ladrillos. En vez de cargarlos hasta la planta baja a mano decidí colocarlos en un barril, y bajarlos con ayuda de una roldana que felizmente se hallaba fijada a una viga en el techo del sexto piso. 

Bajé hasta la planta baja y até el barril con una soga y con ayuda de la roldana lo izé hasta el sexto piso, luego de lo cual até la soga a una de las columnas del edificio. Subí luego hasta el sexto piso y cargué los ladrillos en el barril. 

Volví para la planta baja, desaté la soga y la agarré con fuerza de modo que los 250 kilos de ladrillos bajasen suavemente. (Debo indicar que en el ítem 1º de mi declaración a la policía indiqué que mi peso corporal era de 80 Kg.) 

Sorpresivamente, mis pies se separaron del suelo, y comencé a ascender rápidamente arrastrado por la soga. Debido al susto que me llevé perdí mi presencia de espíritu y reflexivamente me aferré más aún a la soga, mientras ascendía a gran velocidad. En las proximidades del 3º Piso me encontré con el barril que bajaba a una velocidad aproximada a la de mi subida. Fue imposible evitar el choque. Creo que ahí se produjo la fractura de cráneo. 

Continué subiendo hasta que mis dedos se engancharon dentro de la roldana, lo que provocó la detención de mi subida, y también las quebraduras múltiples de los dedos y de la muñeca. A esta altura (de los acontecimientos) ya había recuperado mi presencia de espíritu y pese a los dolores, continué aferrado a la cuerda. 

Fue en ese instante que el barril chocó contra el suelo, el fondo del mismo se partió y todos los ladrillos se desparramaron. Sin los ladrillos el barril pesaba aproximadamente 25 Kg. Debido a un principio físico simplísimo comencé a descender rápidamente hasta la planta baja. Aproximadamente al pasar por el 3º piso me encontré con el barril vacío que subía, en el choque que sobrevino, estoy casi seguro, se produjo la quebradura de los tobillos y de la nariz. 

Este choque, felizmente, disminuyó la velocidad de mi caída, de manera que cuando aterricé encima de la montaña de ladrillos sólo me quebré 3 vértebras. 

Lamento, sin embargo, informar que cuando me encontraba caído encima de los ladrillos con dolores insoportables y sin poder moverme, y viendo encima de mí el barril perdí nuevamente mi presencia de espíritu y solté la soga. 

Debido a que el barril pesaba más que la cuerda, descendió rápidamente y cayó encima de mis piernas quebrándome las dos tibias. 

Esperando haber aclarado definitivamente las causas y desarrollo de los acontecimientos, me despido atentamente. 

Se hará justicia. 

Pensamiento del día

 He firmado tantos ejemplares de mis libros que el día que me muera va  a tener un gran valor uno que no lleve mi firma.
 Jorge Luis Borges
 (1899-1986) Escritor argentino.

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